CeraViva

Escríbenos si algo no encaja en tu cocina

Detrás de CeraViva hay pocas manos y una mesa de trabajo real. Si una pieza llegó con la cera desigual, si un tamaño no cubre lo que esperabas o si dudas sobre cómo lavar un envoltorio que ya lleva meses en uso, cuéntanoslo con calma. Leemos cada mensaje y respondemos con la misma honestidad con la que explicamos los límites del producto: no todo se resuelve con una tela encerada, y preferimos decírtelo antes que venderte algo que no necesitas.

Antes de escribir, quizá te ahorre tiempo revisar las dudas más repetidas sobre materiales, tamaños y cuidados. Si tu caso es distinto, el formulario y el correo siguen abiertos.

Correo electrónico

Para consultas sobre pedidos, cambios de tamaño o detalles de un lote concreto. Adjunta una foto si el problema se ve mejor de lo que se explica.

info@tbobashevillebar.com

Respondemos en un plazo de 24 a 48 horas laborables. Los fines de semana y festivos el correo se acumula y contestamos el lunes.

Teléfono

Si prefieres hablarlo, atendemos llamadas para dudas rápidas sobre uso, lavado o qué pieza encaja mejor con lo que sueles guardar.

+54 9 11 5437 9722

Horario de atención de lunes a viernes, de 10 a 17 h. Fuera de ese tramo puedes dejar un mensaje y te devolvemos la llamada.

Dirección postal

Para envíos, devoluciones o cualquier documento que necesite ir en papel. Trabajamos desde un taller pequeño, así que avísanos antes de pasar.

Julio Cortazar, Rosario, Santa Fe, S2000, Argentina

Muchas preguntas sobre cera, algodón y tiempos de secado ya están resueltas en la página de ayuda. Si tu duda sigue sin respuesta después de leerla, escríbenos sin rodeos.

Ver las dudas frecuentes Ir al formulario de contacto

Con quién trabajamos y por qué importa

Detrás de cada pieza de CeraViva hay talleres pequeños, colmenares de proximidad y tiendas de barrio que comparten una idea sencilla: si la cocina de casa cambia, el residuo que no se genera también cuenta. No buscamos sellos grandes ni acuerdos de escaparate. Preferimos trabajar con quien conoce el algodón que corta y la cera que impregna.

Estos son los vínculos que sostienen el proyecto desde el principio, con nombre y oficio, no con logos de relleno.

Tres ideas que sostienen cada envoltorio de CeraViva

Antes de comprar una pieza de algodón encerado conviene saber qué cambia de verdad en la cocina. No se trata de una moda ni de un objeto de vitrina: es una herramienta que sustituye al film transparente en gestos muy concretos del día a día, y que arrastra consigo una forma distinta de mirar la despensa, el cajón y la basura que generamos al cocinar.

CeraViva values

Menos residuos en el cajón, no en la papelera

Una sola tela lavable reemplaza cientos de metros de plástico de un solo uso a lo largo del año. Cuando termina el día, el envoltorio vuelve al cajón en lugar de ir a la basura, y esa diferencia se nota al final del mes en el volumen del cubo. No es un gesto heroico, es una costumbre que se repite.

Los alimentos respiran sin ahogarse

La cera de abejas forma una capa que deja pasar algo de aire, así que las frutas cortadas, el pan o un trozo de queso no se cubren de humedad como ocurre bajo el plástico. La conservación no es eterna ni sustituye a la nevera, pero en dos o tres días el producto llega a la mesa en mejor estado.

Una rutina sin cierres ni gomas

El calor de las manos basta para moldear la tela alrededor de un bol, una fuente o un bocadillo. No hay clips, elásticos ni instrucciones complicadas: se ajusta, se guarda y se lava con agua fría y jabón suave cuando toca. Con el tiempo la cera se agrieta y la pieza pide renovarse, algo que contamos sin adornos.

Si quieres ver de dónde vienen estas decisiones, en nuestra historia explicamos cómo empezó CeraViva y qué aprendimos cocinando en casa.

CeraViva nace de una escena bastante común: la nevera llena de cuencos tapados con film que se tira a los dos días. Trabajamos para quienes cocinan en casa, preparan fiambreras, guardan pan, quesos o fruta cortada y quieren dejar de comprar rollos de plástico sin complicarse la vida. No vendemos una revolución doméstica, sino una pieza de algodón encerado que se lava, se seca al aire y vuelve al cajón.

Eso tiene una consecuencia práctica: si el envoltorio está a mano, se usa. Por eso insistimos tanto en el sitio donde se guarda y en cómo se limpia, más que en promesas grandes. La cera de abejas deja respirar al alimento, la tela se adapta con el calor de las manos y no hace falta cierre ni goma. Tampoco hace milagros: no conserva para siempre, no sustituye a la nevera y con los meses pierde agarre. Lo contamos tal cual, porque saber los límites es parte de usarlo bien.

Ilustración plana hogareña, textura de cera y patrones vivos: lo que normalmente queda escondido en el fondo de un armario, aquí se ve.

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