Lote de primavera
Juego de tres tamaños
El conjunto base: uno pequeño para medio limón o un trozo de queso, uno mediano para un cuenco de ensalada, uno grande para una fuente o una hogaza. Es el punto de partida de casi todas las cocinas.
La marca empezó en una cocina de barrio, con un rollo de film transparente gastándose demasiado rápido y la sensación de que había otra manera. Recuperamos un gesto antiguo, la tela de algodón impregnada con cera de abejas, y lo llevamos al uso diario sin adornos ni promesas exageradas.
Todo arrancó al contar cuánto plástico de un solo uso salía cada semana de la nevera: medio limón, un trozo de queso, la ensalada del día siguiente. La primera prueba fue una tela encerada a mano sobre un cuenco, y funcionó lo suficiente como para seguir.
Decidimos trabajar con cera de abejas y algodón de origen cercano, en lugar de buscar volumen. Cada pieza se corta, se impregna y se revisa a mano, así que la producción avanza despacio y con margen para corregir lo que no queda bien.
Con el tiempo quedó claro que no todo encaja en un envoltorio de cera: los alimentos muy húmedos o calientes no son adecuados, y la cera se desgasta con los meses. Preferimos explicarlo desde el principio antes que vender una solución total.
La ilustración plana, los colores cálidos y las texturas que recuerdan al panal no son un adorno: reflejan cómo entendemos el producto, algo doméstico, lavable y pensado para durar dentro de una rutina real de cocina.
La idea no salió de un laboratorio, sino de una cocina concreta. Durante meses fuimos anotando cuánto film transparente terminaba en la basura cada semana: medio aguacate, un trozo de queso, el cuenco de la ensalada del día siguiente. Sumando, el número daba vergüenza. Recuperamos entonces un gesto antiguo, la tela de algodón impregnada con cera de abejas, y comprobamos que seguía funcionando igual de bien que antes de que existiera el plástico de un solo uso.
Trabajamos con proveedores locales de cera y algodón, y en un taller pequeño donde cada pieza se revisa a mano antes de salir. No queremos vender una solución total ni definitiva: hay alimentos húmedos o muy calientes que no son adecuados para estos envoltorios, y la cera se va gastando con los lavados. Preferimos decirlo claro y explicar los cuidados, los usos recomendados y qué hacer con la pieza cuando ya no sella. Esa honestidad también está en la estética: ilustración plana, colores cálidos y texturas que recuerdan a la cera de abejas.
Si quieres entender cómo lo aplicamos en el día a día, empieza por nuestra historia.
Las primeras piezas se hicieron con retales de algodón y cera comprada a un apicultor de la zona. Probamos el sellado con medio aguacate, con pan y con un cuenco de ensalada. Aprendimos rápido que el calor de la mano importa más que la presión, y que un envoltorio mal secado pierde agarre antes de tiempo.
Dejamos de improvisar con cera suelta y acordamos un suministro estable con apicultores cercanos. El algodón pasó a ser de tejido más tupido, porque el anterior se agrietaba en los bordes. Montamos un taller pequeño donde cada pieza se revisa a mano antes de doblarse: si el reparto de cera queda desigual, se descarta.
Hubo devoluciones por usos que no eran los adecuados: carne cruda, líquidos muy calientes, alimentos que quedan varios días en la nevera. En vez de esconderlo, empezamos a escribir los cuidados y los usos recomendados en cada pedido. También dejamos claro que la cera se desgasta y que la pieza tiene un final de vida, que puede ser el compost.
Los patrones vivos y los colores cálidos no son un adorno: ayudan a distinguir tamaños y a reconocer cada envoltorio dentro de la nevera. Seguimos siendo un equipo reducido, con producción corta y revisión manual. No prometemos conservación indefinida ni sustituir toda la cocina, solo reducir el plástico de un solo uso en lo cotidiano.
Si quieres ver el catálogo completo o consultar qué estampados hay disponibles ahora mismo, escríbenos y te contamos lo que tenemos en el taller.