Cuando mencionamos la cera de abejas de apicultores locales, el algodón de tejido tupido o la resina de pino, nos referimos a ingredientes y materiales conocidos, no a marcas ni a proveedores concretos. No publicamos listas de talleres ni datos internos de producción.
No citamos estudios médicos ni atribuimos propiedades terapéuticas a los envoltorios. Tampoco prometemos una conservación indefinida de los alimentos: cada pieza protege durante el tiempo que corresponde a su uso normal, y eso depende del alimento y de la temperatura.
Los tamaños se basan en las dimensiones habituales de bols, platos y fiambreras de una cocina familiar. Los patrones de tela se eligen por su color y por cómo envejecen con los lavados, así que pueden variar ligeramente entre una remesa y otra sin que eso afecte al uso.
Si tienes dudas sobre un material concreto, escríbenos por correo y te respondemos con lo que sabemos. Preferimos explicar los límites antes que prometer más de lo que el producto hace.